En México, el campo de acción del Ingeniero Civil, en la segunda mitad del Siglo XX, fue preponderantemente ocupado por obras de infraestructura gubernamental, incluyendo su Planeación, Diseño, Construcción, Conservación, Operación y Administración. De una dimensión mucho menor fue su participación en obras particulares, que se circunscribieron casi exclusivamente a la edificación urbana e industrial, con inversiones muy pequeñas en comparación con los presupuestos oficiales.
Bajo éste esquema, la Ingeniería Mexicana se fortaleció y desplazó casi en su totalidad a las empresas extranjeras que dominaban el entorno de las cuatro primeras décadas del Siglo XX. En nuestra evolución jugaron un papel fundamental la Comisión Nacional de Caminos, la Comisión Nacional de Irrigación, Petróleos Mexicanos, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y la formación sistemática, aunque siempre insuficiente, especialistas e investigadores en el país y en el extranjero para la actualización de la tecnología de punta, adaptable a nuestras necesidades características.
En la última década del Siglo XX la situación económica y financiera del país y la del entorno internacional condujeron a la modificación de estas estrategias, los presupuestos gubernamentales, sectarios durante muchos años, fueron financiados a través del endeudamiento externo y con el propósito de que alcanzarán el equilibrio y, si era posible, fuera superavitarios y esto sólo podía lograrse con la reducción gradual de la inversión del gobierno en infraestructura.
Por otra parte, se sabe que el desarrollo depende en forma importante de la nueva infraestructura y por ello debe seguirse incrementando. Los espacios que de esa manera dejó el Estado Mexicano debían ser cubiertos por capital privado, pero lo harían solamente en aquellas obras y servicios que fueran rentables, quedando a cargo del gobierno las acciones que tuvieran objetivos sociales, por no ser de interés para el inversionista particular. Es indudable que la capacidad de ahorro interno nacional fue insuficiente para cubrir las oportunidades de inversión, lo cual abrió espacios importantes al inversión extranjera directa.
Este es el nuevo ambiente para la Ingeniería Civil Mexicana y, por ello, su mayor o menor participación ya no esta basada en subastas de obra pública, sino en su capacidad de penetrar en los espacios internos del capital nacional y extranjero. Ello dependerá de su eficiencia y competitividad técnica, económica y financiera, pero ahora también de otros factores como pueden ser el acceso suficiente y oportuno a la información sobre nuevos proyectos privados, el contar con financiamiento a bajas tasas y plazos largos como lo tiene las empresas extranjeras y el penetrar en el siempre complejo mundo de las relaciones y los intereses corporativos. Esto último es muy diferente de los procesos de las subastas gubernamentales, especialmente en el caso de inversionistas extranjeros que tendrán preferencia por incorporar su propia ingeniería.
Nuestra participación sólo puede asegurarse a través del trabajo planeado y programado en forma integral, que requiere del esfuerzo y participación de todos los ingenieros a través de las distintas organizaciones, siendo una de ellas nuestro COLEGIO DE INGENIEROS CIVILES DE TAMAULIPAS, ya que tiene creados los espacios para ello, convocando a sus agremiados a participar para el fortalecimiento de nuestro país.